El valor de la actitud competitiva

Escrito por Manuel Carneiro Caneda el 28/02/2016

Nuestras actitudes son aquellas orientaciones internas que nos permiten organizar la realidad

Hay una serie de términos que, en el mundo empresarial, suelen resultar de difícil definición aunque, intuitivamente, sea conocido su significado; aquellos que se refieren a las bases del comportamiento y que adquieren rango sustancial tales como competencia, conducta, habilidad o.. actitud.

Esta última presenta una etimología particular; la palabra "actitud" proviene del italiano "Atteggiamento", deformación de la misma en latín "actitudo", significando mostrar una postura, ponerse o estar firme. Una definición estricta de la actitud lleva a considerarla como esa disposición del ánimo o forma de presentarse ante el mundo a través de las evaluaciones que hacemos de él, fruto de nuestras creencias y nuestra visión de lo que acontezca. Supone así la traslación en las relaciones con los demás de nuestro "modelo del mundo". Y no nos engañemos, la competitividad empieza en ese modo de presentarse, es más una disposición, una actitud.

Entendiendo de este modo el enfoque competitivo, tres son los elementos que la configuran:

- El origen de una actitud está siempre en un pensamiento, favoreciéndose una interpretación de la realidad conformada a nuestro modo de percibir lo externo. Las actitudes nacen de mi manera de concebir el mundo, de mis propias y personales creencias; como la motivación.
- La actitud fomenta una tendencia concreta a la acción y, en consecuencia, se manifiesta externamente a través del comportamiento.
- Las actitudes están conectadas con los sentimientos, y esta circunstancia permite "un cambio de actitud" en los humanos; se debe a que muta nuestra manera de sentir e interpretar los acontecimientos en función de las circunstancias.

Nuestras actitudes son aquellas orientaciones internas que nos permiten organizar la realidad, expresión de nuestros estados de ánimo e incluso de las opiniones sobre los sucesos. Enunciamos la existencia de una actitud competitiva, aquella que se manifiesta a través de la alerta constante ante los avatares del mercado y que nos provoca la actuación, dotándonos de reactivos que producen una respuesta activa; la competitividad empieza, así, con una actitud.

Tal y como escribió Charles Swindoll: "Cuanto más tiempo vivo, más me doy cuenta del impacto de la actitud en la vida. No podemos cambiar nuestro pasado ni cómo actuará la gente. No podemos cambiar lo inevitable. Lo único que podemos es jugar con lo que tenemos, y eso, es nuestra actitud. Estoy convencido de que la vida es el 10% lo que me pasa y el 90% cómo reacciono ante ello".

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Escrito por:

Manuel Carneiro Caneda
Consejero Delegado IFFE Business School

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