Evaluarse para no devaluarse

Escrito por Cristina Visconti el 30/11/2015

La evaluación es una extraordinaria herramienta organizacional de mejora, es un estado de desnudez emocional y mental.

“De todos los conocimientos posibles, el más sabio y útil es conocerse a sí mismo.” William Shakespeare
A diario me planteo múltiples cuestiones, trabajar con personas, con muchas personas, y diferentes, muy diferentes, es una de las experiencias más enriquecedoras que te puedes encontrar. Cada persona me enseña algo a diario, desde lo diferentes que somos en aquellos aspectos más generales, a lo parecidas que podemos llegar a ser en cuestiones más básicas y primarias.
Es probable que uno de los mayores retos profesionales diarios con estas personas sea ser capaz de hacer una buena comunicación, una comunicación eficaz, efectiva, que no solo transmita un mensaje, sino que también produzca movimiento, un cambio.
En este caso no me estoy refiriendo a la comunicación corporativa a través de Intranet, Mail, Circular, Comunidad, Blog.. Me refiero a comunicación tú a tú, con personas, que, a través de un gran acto de generosidad, son capaces de ayudarte a conocerte mejor y a poder modificar pequeñas cosas que consigan que evoluciones.
Hay diferentes maneras de conseguirlo, estoy segura de ello, pero quiero hablar de una de las mejores que conozco y más uso, me refiero a la EVALUACIÓN dentro de los equipos de trabajo. Una compañía con un buen sistema de evaluación, bien implantado, maduro, natural, tiene un auténtico tesoro.
La evaluación nos da información, nos ayuda a mejorar, a conocernos a nosotros mismos, a conocer a los demás, a conocer nuestra Organización, sus valores, el nivel de implantación de los mismos, etc..
Muchas veces nos complicamos la existencia buscando El MÉTODO, EL SISTEMA, necesario sin duda, pero no determinante. Los avances tecnológicos nos facilitan mucho la vida para conseguir un mayor impacto y alcance. Lo realmente importante para una evaluación de calidad es el clima, el entorno, la confianza, el entrenamiento en el ejercicio en sí mismo.
Parece muy sencillo evaluar a alguien o evaluarse a uno mismo, pero lo complicado es hacerlo bien. Hacerlo con tiempo, con dedicación, con cariño, con objetividad, con sensibilidad, desde la crítica constructiva y el respeto SIEMPRE. Es ahí donde empieza ese maravilloso ejercicio de generosidad entre las personas, cuando te dicen: “Cris, tengo que darte un 6 en trabajo en equipo, porque creo que con el tema de la Fusión no tuviste en cuenta las consecuencias que podría tener para otros departamentos como el de Sistemas, y eso supuso un gran atasco de trabajo en ese departamento”, dice el Director de Sistemas con asertividad. Y ahora empieza la montaña rusa de la evaluación. Las primeras veces, el corazón se acelera, la garganta se encoje y las mejillas se sonrojan, por orgullo dañado y por creer firmemente que esa persona se equivoca. E inevitablemente piensas “Lo que me faltaba, después de lo que he trabajado, aún por encima sin apoyo y hay que oír esto, ya verá cuando lo evalúe a él...” Las siguientes veces ya no lo personalizas tanto, simplemente crees que la otra persona se equivoca, que hay muchos factores que desconoce y que no ha tenido en cuenta. Es después, con un poco de entrenamiento en estos ejercicios, cuando se empieza a crear un clima de confianza, de crítica constructiva y de evaluación, cuando ya todo fluye mucho mejor. No quiere decir que no moleste, que el corazón no se te acelere un poco, pero ya sabes que es cierto lo que te dicen, que te has equivocado en eso y que, sin querer, has perjudicado a algunos compañeros, y te prometes a ti misma que tomarás todas las medidas posibles para que no vuelva a suceder y que, sin duda, mejorarás ese aspecto.
Es importante tener en cuenta que no solo se debe utilizar la evaluación para mejorar debilidades, sino también es necesaria para reforzar fortalezas, sobre las que apoyarte cuando lo necesites y cuando el ánimo está más bajo. “He de decirte que para mi eres un 9 en liderazgo, construyes a tu alrededor, creas buen ambiente y sabes aprovechar al máximo el talento de tu equipo”. Con esto no debes endiosarte, pero sí debes aprender a digerirlo igual de bien que una debilidad. Ojo!! No debe dejar de trabajarse esa fortaleza o es probable que con el tiempo acabe como debilidad.
Por todo esto y mucho más, para mí, la evaluación es una extraordinaria herramienta organizacional de mejora, de comunicación, de gestión del cambio y del conflicto, facilita la toma de decisiones, ayuda a que todo fluya de una manera más natural, y sobre todo, es una potentísima herramienta de autoconocimiento personal. Probablemente este sea el punto que hace más complicada la evaluación, ya que supone exponernos, asumir debilidades y miedos, mostrar emociones y pasiones: es un estado de desnudez emocional y mental.
El autoconocimiento es uno de los pilares básicos de la inteligencia emocional, es el primer paso, el necesario para poder ser posteriormente emocionalmente inteligentes, con autocontrol, empatía y mejores relaciones sociales.
“Conocer bien a los otros es inteligente, conocerse bien a uno mismo es sabiduría.” Albert Einstein.

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Escrito por:

Cristina Visconti
Directora de Personas del Grupo Boreal
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