Empresa, sostenibilidad y violencia de género

Escrito por María Angeles García el 26/10/2015

La obligación social de devolver lo que hemos recibido la tenemos todos: profesionales, empresarios, trabajadores, ciudadanos y/o ciudadanas.

“La nueva fiscal de violencia de género pide cooperación ciudadana para reducir las muertes y aumentar las denuncias”.
Después de haber leído este titular de prensa el pasado día 7, y teniendo en cuenta que ha  pasado más de un año    desde que entró en vigor para España, el Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra la mujer y la violencia doméstica (Convenio de Estambul)  , creo firmemente que la solución para erradicar esta lacra, tiene que empezar, además de por la acción de los gobiernos, por la acción individual de todos los ciudadanos, en la acción desde las empresas contra la violencia contra las mujeres.
Es necesario un comportamiento socialmente responsable desde las todas las organizaciones que se manifieste bajo el lema “tolerancia cero”. 
Construimos nuestra realidad social a partir de nuestras experiencias. Todo lo que hemos vivido desde pequeños, en la familia, en el colegio, con los amigos y en nuestra vida laboral y profesional nos ha llevado a elaborar un discurso acorde con las costumbres y hábitos del lugar en que nos encontramos.  Los significados que hemos ido construyendo a través de nuestras vivencias, los proyectamos en nuestro entorno y creemos, que estamos libres de vivir situaciones de violencia porque eso siempre pasa en otros lugares.
Necesitamos pararnos a pensar sobre el efecto que ha causado en nuestras vidas el hecho de haber nacido en uno u otro lugar, en una familia o en otra, haber tenido acceso a unos estudios o tener que trabajar desde niños para subsistir. Nos condiciona el lugar en dónde hemos nacido. 
Por supuesto que nuestra vida no habría sido la misma, si hubiéramos nacido en cualquier otro lugar  en el que la necesidad de sobrevivir fuese una prioridad. Tener algo que comer y un sitio donde dormir se convertirían en la meta diaria a alcanzar.
 ¿Qué habría sido de cualquiera de nosotros, si hubiéramos nacido en un rincón del mundo, en el que los derechos de los ciudadanos, y especialmente los de las mujeres, no se respetasen, y que la principal meta en la vida fuese esperar a recibir ayudas de los demás para poder sobrevivir? A todos nos resulta difícil de  imaginar... 
Las mujeres lo tenemos mucho más difícil. La discriminación y el maltrato, a pesar de los cambios normativos, siguen estando presentes en nuestra sociedad.
A través de esta reflexión  he intentado buscar una respuesta a la pregunta: ¿Qué podemos hacer, individualmente, desde el lugar que ocupamos cada uno de nosotros en la sociedad y en especial desde las empresas?
La obligación social de devolver lo que hemos recibido la tenemos todos: profesionales, empresarios, trabajadores, ciudadanos y/o ciudadanas.
Muchas mujeres trabajadoras cuando llegan a sus casas, no tienen la suerte de vivir en un entorno familiar ausente de violencia. Algunas pasan muchas horas trabajando y muchas veces sus compañeros y compañeras de trabajo conocen más de su vida que la propia familia. Las que están sufriendo maltrato, lo ocultan por vergüenza aunque a veces los signos externos nos puedan delatar que algo puede estar pasando.
Llegado a este punto, podría pensarse que no existe relación entre las empresas y la violencia de género, o que ésta, tiene lugar en el núcleo familiar y desde la empresa poco se podría hacer.
Las empresas, desde el enfoque de la sostenibilidad, pueden asumir voluntariamente actuar y prestar un gran apoyo a las mujeres trabajadoras víctimas de violencia de género.
A través de la declaración de un compromiso, pueden  informar, sensibilizar, y poner en valor a la empresa como un entorno  laboral libre de discriminaciones.
Ayudará a lograr unas plantillas ausentes de estereotipos de género  y  si alguna trabajadora pueda estar siendo víctima de malos tratos en silencio, la actitud de la empresa y de todos sus trabajadores y trabajadoras, las empoderarán y apoyarán, para que se atrevan a denunciar y puedan salir del maltrato.
Los empresarios y empresarias, pero también  los trabajadores y trabajadoras como ciudadanos, tenemos la  obligación de devolver a la sociedad los valores que nos unen.
Con declaraciones y apoyo a las víctimas desde las empresas, se acorralará a los maltratadores y se logrará, con la ayuda necesaria de los compañeros y compañeras de trabajo, que las mujeres que estén siendo víctimas en silencio, puedan dar un cambio a su vida, siendo conscientes de que recibirán desde su entorno laboral, el apoyo necesario para salir adelante.
Cada vez más, las  empresas perciben la necesidad de que sus actuaciones deben ser  más sostenibles. También los consumidores, los mercados, los accionistas, los gobiernos y en general la sociedad, presionan para que sean transparentes y respondan a los impactos que producen en sus grupos de interés.
Los trabajadores y trabajadoras son uno de los grupos de interés sobre el que las empresas deben  poner mayor empeño.
Un Protocolo para la prevención de la violencia contra las mujeres y de género, será la herramienta que permita desde las empresas, dar una respuesta efectiva y eficaz con un comportamiento socialmente responsable a sus necesidades, entre las que se encuentra el deber de asegurar un lugar de trabajo exento de riesgos, y en el que los valores, sean una de las claves principales para su crecimiento sostenible.
Desde la Asociación Española de Auditores Socio-laborales  estamos trabajando en la elaboración de un Protocolo para la Prevención de la violencia contra las mujeres y de género que pronto verá la luz y que se pondrá a disposición de todas aquellas empresas que quieran adherirse a luchar por la “tolerancia cero”.

twitter facebook google+ lnkedin
Escrito por:

María Angeles García
Auditora Socio-laboral
Ver todos sus posts ->