EL BUEN GOBIERNO SEGÚN TONY SOPRANO

Escrito por Manuel Carneiro Caneda el 25/09/2015

El Buen Gobierno Corporativo se muestra extremadamente exigente en cuanto a los deberes propios de una adecuada gestión empresarial a los administradores y directivos.

Resulta difícil en ocasiones no salirse de lo “políticamente correcto”. El mundo de lo relacionado con las empresas encierra, de cuando en cuando, perlas cultivadas en la más absoluta vulgaridad. Hemos asistido a todo tipo de comparaciones entre la gestión empresarial y otras actividades consideradas como más elevadas. Desde la metáfora entre la toma de decisiones empresariales y el arte de gobernar de Maquiavelo, la dirección propia de conquistadores como el cartaginés Anibal o el bárbaro Atila o los consejos de Aristóteles para la adecuada gestión pasando por la comparación con la antigua Roma, cualquier cosa se antojaba posible. Todo parece valer para el mundo de la empresa. Pero el asombro todavía puede darse.


Un avispado “a nationally recognized expert on leadership and management” americano y de nombre Anthony Schneider, según consta en la página web de su libro “Tony Soprano on Management”  (puede verse en su página     http://www.tonysopranoonmanagement.com) nos sorprende con la posibilidad de que el mafioso protagonista de la exitosa serie televisiva nos ilustre sobre la adecuada gestión empresarial. A su juicio “Tony Soprano afronta los problemas de cualquier director ejecutivo. Exceptuando las palizas (algo decididamente no recomendable en la mayoría de entornos corporativos), sus tácticas pueden resultar muy útiles”. Si, si, el Tony Soprano de “The Sopranos”, aquella serie de hace ya algunos años que va de mafiosos, que revitaliza y llega a dotar de prestancia y tono a las criminales figuras de unos delincuentes profesionales de origen italiano llevadas ya al Olimpo cinematográfico por F. Ford Coppola en su “The Godfather”, versión fílmica del homónimo libro de Mario Puzo. Por cierto que sobre “El Padrino” también existe versión management realizada por un español y de título “Lecciones de estrategia con el padrino” de Guillermo de Haro, editado por Prentice Hall. Si es que se puede aprender de cualquiera.


Hombre, no se, pero resulta un tanto chocante que desde el delito se pueda espejar e incluso iluminar la adecuada gestión empresarial. Y eso siendo “políticamente correcto” que, no siéndolo, resulta absolutamente inadmisible. Roza el disparate cuando no lo inmoral. Por si alguien no se hubiese dado cuenta todavía, la serie va de criminales y delincuentes, aquellos que consideran que el fin no sólo justifica los medios, sino que el fin, sobre todo en beneficio propio, lo es todo y no precisa por tanto reparar en medios; incluso conculcando y pisoteando la ley así como los derechos de los demás, incurriendo en el delito y el crimen manifiestos. No todo vale, no. Pero en muchas ocasiones, la realidad supera ampliamente a la ficción; si acudimos a la más ardiente actualidad, parecería que a toda la cúpula directiva de Volkswagen les hubiesen regalado por navidad este libro, confundido entre las viandas propias de la cesta navideña.


Y contra esta tendencia a lo ramplón, a la papanatería frente a lo que provenga del mercado anglosajón sobre las teorías de la dirección que hace que nos sorprendamos bobamente ante el ingenio americano, tenemos ejemplos patrios que pasarán prácticamente desapercibidos. En el debate sobre la responsabilidad empresarial y directiva ha faltado, casi desde el inicio, cierta profundidad conceptual, haciendo que nos hayamos ido por las ramas y tratado los temas que la conciernen desde una perspectiva insustancial y, por que no, meramente superficial. No ha existido una verdadera discusión de corte netamente intelectual sobre el concepto de responsabilidad y mucho menos sobre la función de lo empresarial. Pues bien, todavía estamos a tiempo. No precisamos acudir a clásicos abstrusos y difíciles como “El principio de responsabilidad” del germano Hans Jonas, encontrable en la editorial Herder. Existe bibliografía mucho más asequible como la obra de Antonio Valdecantos “La moral como anomalía”, por cierto también en Herder. Compuesto de cuatro ensayos, trata fundamentalmente una noción amplia sobre la responsabilidad, culminando en el último de título “La responsabilidad como autoengaño”. Lectura más que recomendable frente a tanto libro insustancial y prescindible.

Sugerimos a los actuales gestores de la empresa alemana de automoción ya citada darse una vuelta por las librerías, reales o virtuales y adquirir sino este libro, algún otro que les permita reflexionar y considerar la opción de hacer las cosas debidamente, de no engañar a los consumidores y de estimar que las consecuencias y las implicaciones de sus decisiones, por mucha experiencia mafiosa que las sostengan, no suelen salir como se esperaba. Ya no es únicamente una cuestión de mera responsabilidad empresarial o directiva; es puro sentido común.


Y a los directivos patrios, les aconsejamos que tengan muy en cuenta la actual normativa referente al Buen Gobierno Corporativo que exige novedosas y recias obligaciones a los administradores y directivos de compañías derivadas del incumplimiento de sus deberes de diligencia, lealtad, discrecionalidad y procedimientos en casos de conflictos de interés. Pero sobre todo que se muestra extremadamente exigente en cuanto a los deberes propios de una adecuada gestión empresarial.


Y por cierto, ¿Para cuando un libro de management sobre las probadas habilidades de organización y gestión de Adolf Hitler y sus secuaces? Desgraciadamente, existen pruebas más que suficientes de su capacidad para conseguir millonarios resultados. Seis millones en concreto.

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Escrito por:

Manuel Carneiro Caneda
Consejero Delegado IFFE Business School

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